| Salon d'Automne (Grand Palais Paris) en Sarria 2009 : Convocatoria de obras Salon 2009 |
| on 2009/1/27 13:00:00 (974 reads) |
El Salon d'Automne (Grand Palais Paris) en Sarria con el apoyo del Centro UNESCO de Sarria ofrece a los creadores la oportunidad de mostrar su producción artística en la 5ª Edición de la exposición y festival cultural Salon d'Automne, con el fin de organizar la programación de muestras y exposiciones durante la próxima temporada 2009.
Con este fin, se ha abierto una convocatoria de obras originales para que todos los artistas interesados presenten sus propuestas.
En esta convocatoria, abierta a todos los artistas profesionales, se incluyen las siguientes disciplinas artísticas: Pintura, Escultura, Fotografía, Grabado y otras técnicas artísticas que puedan resultar de interés.
Tanto la técnica como los materiales utilizados son de libre elección por los creadores. El plazo para presentar las propuestas finalizará el 31 de Marzo de 2009.
Las bases indican que las inscripciones deberán incluir datos del autor, así como de la obra (ejemplo: fotografía, título, año de realización, materiales y medidas...etc).
La selección final de los artistas se realizará bajo el asesoramiento de la comisión del Salon d'Automne. Con las obras seleccionadas se editará el catálogo anual en el que se dedicará una página a cada artista en la que figurarán sus datos, y fotografía de su obra u obras y estará a disposición de galerías, prensa y medios de comunicación nacional e internacional, un ejemplar será gratuito para cada autor y el precio de participación será de 40 euros, el resto de gastos correrán a cargo del Centro UNESCO de Sarria, con la ayudas de las administraciones Gallegas
Como en ediciones anteriores, las obras permanecerán expuestas un mes en el Claustro del Convento de la Magdalena de Sarria
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| Salon d'Automne (Grand Palais Paris) en Sarria 2008 : EL SALÓN DE OTOÑO DE PARÍS EN SARRIA |
| on 2008/6/14 1:31:32 (1088 reads) |
Para los adolescentes de mi época, París era una ciudad mágica, que anhelábamos conocer.
Era la ciudad de la Catedral de Notre-Dame, del Palace de Luxemburgo, del Louvre, de la Torre Eifffel, del Arco de Triunfo, de los Campos Elíseos, de Place Vendôme, del cementerio del Padre Lachaise, de la Sorbonne, de Montmartre, de Place Pigalle, del barrio de Montparnasse, del Latino, de las “caves de Saint Germain des Prés”, y, singularmente, de la “Belle Epóque”, de nuestra guapísima paisana Carolina Otero, de Mistinguette, del “Moulin Rouge”, del “Chat-Noir” y del Café “Les Deux Magots”, donde mantenían una tertulia cotidiana Albert Camus y María Casares con otros intelectuales y artistas en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. También, de Brigitte Bardot, de la que todos los muchachos de entonces estábamos enamorados. He tardado demasiado en conocer esa ciudad. Es cierto que he visitado el sur de Francia con frecuencia, tanto el país vasco-francés, como el catalán, en mis años mozos, especialmente por mi afición a la cinematografía, vedada entonces por la censura de determinadas películas en España ; Biarritz, San Juan de Luz y Bayona, de una parte, y Canet-Plage y Perpiñan, de otra, saben de mi presencia en sus salas de cine, cafés y restaurantes. También, he recorrido, en un viaje en automóvil, acompañado por mi esposa, la Costa Azul, y me impresionó la maravilla de sus paisajes, sus villas, y, en definitiva, unos lugares donde se concentraba el “glamour” mundial.
Pero no era lo mismo.
París es diferente.
Con frecuencia, recuerdo cuando, al final la película “Casablanca”, el protagonista, Humprey Bogart, le dice a su amante, Ingrid Bergman, ante el desenlace de su relación sentimental, y como un alivio a la tristeza de ambos, la frase de “siempre nos quedará París”. El guionista fue certero. Al fin llegué a París, cuando la treintena de mis años estaba a punto a agotarse, y quedé entusiasmado. Superaba con creces lo que me imaginaba. He vuelto a París en muchas ocasiones y siempre me asombraba algo novedoso : un monumento, una calle, una fuente, unos jardines, una tienda, un escaparate, una galería o un rincón cualquiera investido de “caché”.
París es una maravilla.
Un amigo sarriano, el Procurador de los Tribunales Manuel Somoza Castro, en una de nuestras innumerables conversaciones, me dijo que si fuera una persona adinerada, sin duda fijaría su residencia en París ; yo le pregunté : “¿y por qué no en New York ?”, y Manolo me respondió : “nosotros, por nuestra cultura, tenemos que vivir en Europa, y dentro de ella, el rango comienza en París”.
Manolo Somoza tenía razón.
Voy a pasar a una perspectiva distinta.
Desde otra óptica, París era el punto de encuentro de artistas de todo el mundo, quienes consideran que sin el beneplácito de esta ciudad, el éxito es de imposible obtención a escala mundial.
Un ejemplo claro de este posicionamiento, ha sido Pablo Picasso, el artista que dominó todos los horizontes de la pintura en el siglo XX. El mundo del arte facilitaba allí una gran variedad de exposiciones. Los habitantes de la ciudad disfrutaban de ordinario de obras de pintura y escultura que solo estaban a su alcance.
He conocido a amigos que visitan París cada año solo para examinar despacio los lienzos de los “pintores impresionistas” (Monet, Manet, Degas. Renoir, Cézanne, Susley, Bondin, Legrand, Pissarro, Tolouse-Lautrec, Gauguin, Anquetin, etc.), y, además, dedican una mañana a pasear por las salas y pasillos del Louvre, con la finalidad de reforzar su memoria con lo ya visto por ellos tantas veces. Por otra parte, en lo que aquí nos ocupa, desde hace muchos años, el Salón de Otoño de París goza de gran prestigio y popularidad. Los expositores saben que su éxito en este encuentro supondrá el alcance de niveles internacionales. Un día de un año no muy lejano, el escultor José Díaz Fuentes, mi amigo desde la infancia, me comunicó que tenía el propósito de traer a Sarria una parte de la exposición del Salón de Otoño de París de aquella temporada.
Supuse que se trataba de una broma.
No era así.
Pepe me habló de la UNESCO, de la Xunta de Galicia y del Ayuntamiento de Sarria como posibles apoyos a su idea, con tal entusiasmo que llegué a la conclusión de que sus intenciones se plasmarían en la realidad en un pueblo como el nuestro, aunque ubicado en el Camino de Santiago, poco conocido en Europa, salvo por los peregrinos.
Pepe Díaz Fuentes movió Roma con Santiago y consiguió exhibir las obras del Salón de Otoño en la Casa de la Cultura de Sarria, y como París “bien vale una misa”, según dijo Enrique II al convertirse al catolicismo como “condicio sine qua non” para obtener la corona de Francia, las obras del Salón se expusieron después en el precioso claustro del Convento de la Magdalena.
He visitado, desde el principio, todas las exposiciones de las obras del Salón de Otoño de París exhibidas en Sarria.
A veces, me imagino que las contemplo en la Santa Capilla de París, que, por arte de magia, se ha trasladado a Sarria.
Muchas gracias, Pepiño, y como, ya próximo el amanecer, decimos en las fiestas y bailes de nuestro pueblo, “que no decaiga”.
ROMÁN GARCÍA VARELA |
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| Salon d'Automne (Grand Palais Paris) en Sarria 2008 : En el Monasterio de Samos |
| on 2008/6/14 1:30:00 (1075 reads) |
Es para nosotros una alegría y una satisfacción poder participar en este evento tan importante que es el Salón de Otoño de París, y abrir las puertas de nuestro milenario Monasterio de Samos a la exposición de tan rico y variado conjunto de obras artísticas de destacados pintores y escultores de toda Europa.
Los monasterios siempre han sido lugares de encuentro, de difusión, de diálogo y de producción del arte a través de los siglos. En todo lo que constituye un monasterio vemos plasmado el arte ; desde los propios edificios monásticos como son la Iglesia, los claustros, la biblioteca, los retablos, esculturas, murales, lienzos, orfebrería, vestimentas litúrgicas, libros corales y miniaturas donde se perpetúan los estilos artísticos como son Prerrománico, Románico, Gótico, Renacentista, Barroco, por mencionar algunos. Tenemos presente las obras de grandes escultores como Francisco de Moure o José Ferreiro. También a importantes muralistas como lo son José Luis Rodríguez, Juan Pares o Enrique Navarro, y un sinfín de anónimos escultores, pintores, orfebres y miniaturistas. Un monasterio es como una exposición de arte permanente.
La riqueza humana, espiritual y artística de los monasterios la vemos presente en sus monjes, en arquitectos como lo fue fray Juan Vázquez, que diseñó la fuente barroca de las Nereidas y la equilibrada iglesia abacial. También lo vemos en grandes escritores y filósofos como el P. Benito Jerónimo Feijoo con sus obras Teatro Crítico Universal y Cartas Eruditas. Además, tenemos otros humanistas e ilustrados como el Abad Alejandro Sarmiento de Sotomayor, el P. Martín Sarmiento ; historiadores como el P. Plácido Arias y el P. Maximino Arias Cuenllas ; restauradores como el P. Pedro de la Portilla y tantos otros. La belleza artística del monasterio es compartida por la belleza paisajística de su entorno. Nos encontramos rodeados por los valles pintorescos del río Sarria, con sus meandros y riachuelos, llenos de espesura, sus corredoiras, sus prados y senderos, todo habla de la obra del Creador y de la colaboración de las criaturas.
Si además, se une la posibilidad de expresar en sus claustros, lugar donde pasan anualmente miles de peregrinos y turistas, y en ellos poder admirar y contemplar exposiciones como las del Salón de Otoño de París, que enriquecen, forman y ayudan a los visitantes que las contemplan, es para nosotros un motivo de honor y gran satisfacción. De esta manera sigue siendo este monasterio en el Camino de Santiago, ruta de peregrinación espiritual e itinerario cultural de Europa, lo que siempre fue, un lugar donde se encuentran la fe y la cultura, entre los hombres que peregrinan y el arte que habla y que muestra la vida de esos hombres a través de la vivencia de los artistas.
Muchas gracias por poder participar de este proyecto del Salón de Otoño de París, al Centro Unesco de Sarria, y a todos los que con su ayuda y colaboración lo hacen posible. Mucho ánimo y que continúe esta labor excepcional para nuestra cultura de Galicia y para la de todo el mundo.
fr.
José Luis Vélez Álvarez
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